miércoles, 18 de junio de 2014

Recuerdo de postguerra

Con los lentos acordes de judaicas canciones
recuerdo los viejos días en que paseaba
por las tardes húmedas y grises, con sombrero
y bastón y del otro lado, tú de mi brazo.

Aquellas calles antiquísimas con candeleros,
a cada esquina con carros, gendarmes o pordioseros,
de la Brillante Alemania, patria próspera
donde el ingenio y el esfuerzo tuvieron su cuna,
nos contemplaban brillantes y húmedas
al andar felices, hablando tonterías
y comiendo, como siempre, strudel
antes de ir a tomar té a mi apartamento.

¡Oh Wilhemina! Tan dulce me sabían tus besos
que tantas veces juré hacerte un altar
y en él adorar eternamente a tu ser.

Ahora, en otra vida, otro tiempo, otro lugar
con diferente lengua y piel marrón
te recuerdo y confieso que no te busco, mi amor.

Juegos húmedos

- Oye ¿Dónde estás?

- ¿Quién? ¿yo?
- ¿O Yo?
- De seguro yo no.

- Si soy yo, estoy por acá...


- ¿Dónde? No te ubico...

- Acá abajo de esto.

- ¡Ah! Creo que te encontré

- ¡Déjame en paz! ¡Aléjateeeeeeeeee!

-¡Oh! Creo que no era yo.

- ¿Entonces por dónde estás?

- Creo que si abrieras los ojos y dejarás de jugar me encontrarías... Provocarás que nos saquen de la piscina.



Carnaval N.O.

Una guitarra al ritmo de blues,
el canto metálico de una mujer
y un trombón de cúprico sonido
alegran la nublada muerte del sol.

Los acordeones suenan fúnebres
pero nadie llora, bailan con sonrisas.

Recordé que era noche de Carnaval,
el jazz y el blues y los gritos...
y la gente me rodeaba, aquí y allá
siendo tragado por la masa.

Me embriagué del ruido, bailé,
celebré al día sórdido que moría
y a la noche tibia que nacía.
Volveré a New Orleans algún día.

Escarabajos Cerrados

Hace mucho que no escribía... Me decían quedo mis dedos, mis manos, mis plumas.
Hace mucho que no salías de tus miserias, vagabundo...

De pronto la lluvia comenzó a caer, un pequeño diluvio en medio de la tarde, mientras la gente corría apresurada a refugiarse: Madres con hijos-tortugas haciendo lo que podían ante lo repentino e inevitable, un carnicero pulcro se apresuró a resguardar los chicharrones que exhibía en una vitrina, el tendero que mete las cajas de verdura y los perros calientes ahora se enfrían, el sol ya no los calienta como siempre a esta hora.

¡Mira! ¡Va por allá! ¿Te fijaste qué rápido escapó el candado aquél que tenías en la cabeza? Pareciera que estaba esperando a que lloviera para marcharse...

Volviendo mi cabeza hacia la ventana inundada de gotas que se estrellaban, te dije: Es que es su ciclo de migración ¿sabes? Ese era un escarabajo cerrado que necesitaba que lloviera una tarde, de manera repentina, para seguir su camino hacia el norte, donde habrá de aparearse y morir en cuanto se abran los botones de las rosas en la India, de donde es natal. Eso puede suceder hoy o quizás mañana o nunca, depende del rosal del cual surgió ese escarabajo.

Por su color, creo que nació de un rosal hermoso, frondoso pero que da pocas rosas y son de color bermejo muy oscuro, casi parecen de terciopelo profundo, así como tus ojos y tu voz.

Los escarabajos cerrados nacen de las raíces de los rosales que son plantados durante los primeros días del monzón veraniego. La lluvia y la tierra, anegadas, se endurecen alrededor de la semilla de rosa. Si llovió al caer el sol será una hembra la que emergerá el primer día del invierno en forma de una pupa inmadura que trepa la planta y se afianza en un tallo, volviéndose el primer botón de la rosa del arbusto; si nadie corta el capullo, crecerá una hermosa rosa de grandes y gruesos pétalos, muy fragante y de su interior saldrá volando una escarabajo cerrado del mismo color que su flor. Para que nazca un macho es necesario que llueva por la mañana y salga una luna, al menos, en cuarto menguante en un cielo de pocas nubes, al día siguiente, nacerá en estado adulto un macho aún inmaduro de sus alas que deberá caminar mucho antes de aprender a volar.

En días de monzón intenso, con noche de luna llena, nacen los escarabajos cerrados de Yuga. Extraños insectos capaces de predecir toda una era, por llevarla tatuada en sus finas alas y en sus patas. Nunca deben ser tocados ni capturados, pues son tremendamente violentos, con fuerza suficiente para aplastar el cráneo de un hipopótamo africano de un sólo golpe.

Su ciclo de migración los lleva de la India hacia el mar de Japón, donde se nutren comiendo los desechos de infinidad de peces capturados y desollados vivos, durante todo un año. Continúan volando hacia Australia donde compiten ferozmente contra las arañas violinistas por el agua. Emprenden su vuelo pasadas dos semanas, periodo suficiente para llenarse de agua las mandíbulas multicolores, apuntando hacia América, primero aterrizando en México. Aquí descansa de su travesía durante el tiempo que esté sin llover, anidando en las cabezas de algunos cuantos locos que son capaces de verlos, así como yo...

Ensueño ultramarino

Cielos tornasoles, de estrellas avanzando
calmas ondas por el agua flotan.
Rumor cálido, tranquilo y salado
en mis oídos, mi piel, mis labios.

El azul oscuro del cielo brilla aquí abajo,
las olas de blanca espuma se pintan al romper.
Mis pies se desdibujan de la arena
mientras contemplo el atardecer callado.

Danza parsimoniosa en el océano,
ballenas migrando, atunes nadando
Mi barca descansa en la orilla,
el mar pronto se la habrá llevado.

Me quedo varado en esta isla,
el sol se está ocultando...
Me arrullo con la luna
y las estrellas me están cobijando.

Olas, olas, de espuma salada o satín
de color rosa, blanco, dorado o carmín,
suenan en la arena al romper,
resuenan las ondas en el mar al volver.

Mar Océano de agua multicolor,
devuelve mi barca, me marcho yo.
El sol despierta, amanece ya
devuélveme mi barca para zarpar.

miércoles, 4 de junio de 2014

Hagamos un poema

Hagamos un poema juntos
con mis manos y tus dedos
con mis labios y tus besos
con mis llantos y tus sueños.

Hagamos un poema
que destile sangre y vida,
que muera en mil llamas
la tinta bermeja consumida.

Hagamos juntos un poema
de éxtasis, amor o locura;
hagamos un poema
de pasión y noches infinitas
de nocturnos y buenos días.

Anda y ve

Me pides que no te espere
y no entiendes que yo siempre estaré aquí,
esperando a que vuelvas.
Cual perro fiel, cual idiota que ha perdido el norte,
cual niño extraviado en el centro comercial.

Comprendo
siempre comprendo, que necesitas irte.
Naciste inquieto venado,
no puedo amarrarte sin sentirme malvado delincuente.

Ya sabía yo
que te marcharías.

¡Brinca, Venado! ¡Vuela!
Que no soporto verte caída
en tierra, herida, sufrida en tierra.
¡Brinca Venado! ¡Corre y vuela!

Comprende mi llanto, es agridulce, alegre y triste,
como el ronco graznido de los cuervos,
como la extraña mirada roja del conejo.

No dudes que aquí seguiré cuando vuelvas,
Cuervo y Conejo,
ambos en el mismo sitio
donde nos vimos por última vez,
antes de ver que te marchabas.

¡Ve Mujer Guerrera! ¡Sana tus heridas y lava tu Alma!
Con todo mi amor por ti cumplo con la promesa que te he hecho:
Siempre estaré aquí si necesitas de mí.
Siempre respetaré tu propio camino y vuelo.

Ahora, el Conejo corre a su madriguera...
Ahora, el Venado corre a su bosque sin espinos desérticos.

Ahora, se queda y observa las huellas,
ve los caminos y los recuerda y olvida
Ahora... llora y vuela al nido el Cuervo.